“Melancolía de Ozymandias”

Ozymandias es un poema de Percy Bysshe Shelley, que en español dice así:

Conocí a un viajero de un antiguo país
que dijo: «dos enormes piernas de piedra
se yerguen sin su tronco en el desierto;
junto a ellas, en la arena, semihundido
descansa un rostro hecho pedazos, cuyo ceño fruncido
y mueca en la boca, y desdén de frío dominio,
cuentan que su escultor comprendió bien esas pasiones
que todavía sobreviven, grabadas en la piedra inerte,
a la mano que se mofó de ellas y al corazón que las alimentó.
Y en el pedestal se leen estas palabras:

“Mi nombre es Ozymandias, rey de reyes:
¡Contemplad mis obras, oh poderosos, y desesperad!”

No queda nada a su lado. Alrededor de las ruinas
de ese colosal naufragio, infinitas y desnudas
se extienden las solitarias y llanas arenas.

Woody Allen podrá no ser mi director favorito, pero gracias a él y a su Stardust Memories, fue que encontré este poema que desde hace años me acompaña.

Ozymandias.

Un rey de reyes que en menos dos versos termina siendo ruinas y un colosal naufragio.

Desde la primera vez que lo leí, me sentí cautivada por la crudeza con la que Shelley narra una realidad. No importa cuán grande, importante o legendario sea algo, con el tiempo terminará por extinguirse, u olvidarse.

Y no sé si es gracias al vínculo que tengo ya hace tantos años con el poema, o por qué, pero esa Melancolía Ozymandias siempre me ha acompañado en todo lo que hago.

Siempre que siento que he llegado al punto en el que quería estar, en una situación, o con una persona, me envuelve esta melancolía. Que no importa cuánto me haya costado llegar allí, qué tan feliz haya hecho o qué tan feliz me hayan hecho, con el tiempo todo se disipa, pierde su magia, pasa de lo divino a lo mundano.

Y debo admitir, que vivo con ese miedo al tiempo y a su capacidad de quitarnos ese romanticismo, su afán de mostrarnos reales. De hacernos olvidar lo que en un principio nos llevó a eso que hoy conseguimos y ya no recordamos por qué queriamos, y con su paso, dejarnos relegados a la nada; a un vacío existencial en el que nada nos llena y nos volvemos esclavos de la búsqueda de lo que alguna vez fue.

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