Infinita luminiscencia

Que te quise

como ya no se quiere,

y solo lo saben las ojeras que se esparcen desde mis ojos

y llegan a ensombrecer mi corazón,

este infinito enredo en la garganta,

y la promesa de finjir que no existes.

 

Que esta repetición

incansable,

de la obligación sobre la voluntad,

no me ha hecho más que infeliz.

Una infelicidad merecida por ser incapaz de distinguir,

lo que pretendo que sea, de lo que es.

 

Y ahora soy una botella

como esas con la que se sobrellevan las penas

y se lanzan al mar;

flotando a la deriva

de la infinita luminiscencia

del pasado

y de lo que alguna vez fue.

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