Amor correspondido a medias

Esta es la historia de esos amores con los que vives tus primeras veces, y que suceden temprano, cuando todavía eres demasiado joven para todo. Ese con el que experimentas y aprendes, y siempre recordaras con ternura.
Ella nunca había tenido un novio, pero sí se había enamorado. El sí había tenido novia, pero no se había enamorado.
Qué curiosas resultan las vidas que se juntan.
Como ya se había enamorado, estaba rota. No creía ni en las relaciones, ni en los hombres. Era muy joven para estar tan dañada y lo sabía, pero había conseguido vivir con ello. Aunque, muy en el fondo, ella guardaba la esperanza de encontrar ese alguien, ese alguien que la quisiera como siempre había querido, y ese fue su error. No sabía que eso no la llenaría, porque lo que llena es alguien a quién querer.
Años después descubriría su equivocación.
Estaban juntos en el colegio y él, en sus palabras, se enamoró de ella desde que la vio.
Pero ella no podía tener nada con nadie, su estadía era temporal y no quería dejar nada detrás. Ya le había sucedido antes y se había prometido no estar por ahí dejando pedazos de ella, porque pensaba que terminaría quedándose sin nada. Quería ser un espíritu libre al que nadie le volviera a arrebatar nada.
Casi un año después, cuando se graduaron, ella decidió no irse de la ciudad y él aprovechó la situación. Empezaron a salir y luego de mucho esperar, se besaron, y les pareció que funcionó.
Ella necesitaba amor y el no dudaba en dárselo, y le dio tanto que la sanó.
No peleaban mucho, pero cuando lo hacían, lo hacían bien. Pero se querían de tal manera que eran incapaces de aguantar mucho sin caer en brazos del otro y olvidarlo todo.
Fue un amor bonito, para qué. De esos que se disfrutan y dan tanta alegría que terminas llorando porque es muy sabroso sentirse así.
Pero como en todos los amores y las relaciones, siempre pasa algo. Y en su caso… aún no entienden qué fue. Ella dice que fue la monotonía, aunque quienes la conocen dice que ella nunca lo amó. Él pensó que como se amaban, estarían siempre juntos, que no sería necesario algo más, que el amor lo podría todo y todas esas tonterías que se leen por ahí. Pero para ella no fue suficiente. Cuando la amaron, se amó y descubrió que siempre iba a necesitar más, y cuando no hubo más, algo empezó a fallar.
Como cuando le hace falta aceite a las tuercas y empiezan a chillar al rodar. Su relación empezó a chillar. Empezó a notar defectos. A sentirse inconforme. Pedía más, pero nadie la escuchaba.
No estaba segura de qué tenía que hacer y empezó a cuestionarse si debía irse. Su mayor miedo era arrepentirse despues, por no encontrar a alguien la amara como la amaba él. En cuanto tuvo ese pensamiento, lo supo.
Tenía que hacerlo, porque su miedo más grande era que nadie la encontrara de nuevo, en lugar de perderlo a él. Ya no le amaba. Su amor, en lo que a ella respecta, se lo había llevado la monotonía.
Se había quedado en el silencio que recibió cuando pedía más.
Y aunque cuando se fue la escucharon… Ya era demasiado tarde.
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