Pasos para tomar una sabia decisión

La toma de decisiones surge de una necesidad. Ya sea la necesidad de elegir entre diferentes opciones, o la necesidad de crear una alternativa ante una situación que se quiere mejorar, o cambiar del todo, porque no estamos satisfechos.

Lo contrario a la toma de decisiones es la indecisión, cuya definición me parece algo fuerte: la falta de determinación ante una situación; “falta de carácter o de valor”. Incluso: falta de autonomía.

Y en lo que a mi respecta, tomar una decisión, es como preparar un pastel.

-A mi nadie, ni un diccionario, me va decir que tengo falta de valor-.

Primero, siento la necesidad. Tengo el antojo.

Puede tener un detonante, como cuando me paseo frente a una pastelería y siento el olor, o cuando veo alguna fotografía o algún vídeo que me haga evocar el sabor.

O simplemente, puede surgir “de la nada”; producto de algún recuerdo o pensamiento que me hace sentir la necesidad, el antojo, de preparar un pastel.

El paso siguiente es definir de qué sabor lo quiero y la receta que voy a usar.

A qué quiero llegar con esta decisión, digo, pastel.

Qué quiero lograr. Qué quiero alcanzar. Cómo me quiero sentir. A qué debo apuntar.

Es decir: mis objetivos. A corto, mediano y largo plazo.

Después, viene la respectiva recolección de los ingredientes, según la receta que seleccioné.

Reúno toda la información que necesito. El contexto, interno y externo. Me analizo. Analizo mi entorno. Me comunico.

Busco el por qué surgió y el cómo puedo proceder. El qué pasaría si tomo esta decisión, o qué pasaría si tomo esta otra.

Los aspectos positivos y negativos.

Y lo más importante: qué quiero yo.

A qué quiero que sepa el pastel.

-Y mi vida-.

Acto seguido, los mezclo y los llevo al horno.

Y finalmente, cuando dejan de ser varios elementos para convertirse en una unidad: lo dejo enfriar.

Algo que siempre me funciona es que antes de tomar una decisión, la dejo en el aire por un tiempo. Me permito un espacio para que el paso de los días me permita pensar con claridad.

En ocasiones se presentan situaciones que son solo momentáneas, y tomar decisiones durante su desarrollo puede ser precipitado.

Así que, lo dejo ser durante un tiempo. Convivo con el problema: lo dejo enfriar.

Hasta que… ¡El pastel está listo!

Convivir con el problema, me hará llegar a limites nuevos. Cada situación es diferente, porque cada situación que enfrentamos nos cambia. Nos mejora. Nos hace más sabios. Nos sube de nivel. Entonces, aunque la situación sea la misma, nosotros no, y eso cambia completamente el panorama.

Al abrirle un espacio en nuestra vida a la situación que queremos mejorar, o cambiar, nos permitimos convivir con ella y decidir: ¿realmente quiero vivir con esto?, ¿realmente lo necesito?, ¿es bueno para mi?, ¿estoy cómoda o satisfecha?

Y en ese momento, justo en ese momento y en ningún otro, sabremos qué decisión tomar.

Habremos cocinado un pastel.

Y en disfrutarlo es que se basa la vida.

 

 

 

 

 

 

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